lunes, 7 de mayo de 2012

Europa está podrida

Ayer fue un día importante: Elecciones presidenciales en Francia; elecciones parlamentarias en Grecia.
Los medios han otorgado más relevancia a las elecciones francesas que a las griegas. Esto no es que lo diga yo; puede comprobarse fácilmente con una regla o con el cronómetro, calculando la superficie en las portadas de la prensa escrita o el tiempo en los medios de comunicación audiovisual que dedican a cada uno de estos acontecimientos.
Y esto es no ver el bosque, sólo las ramas.
Las elecciones griegas tienen una importancia crítica, mucho más relevantes que las francesas en cuanto al futuro de Europa, esa gran chapuza.
Ese sapo a medio cocer que se llama Europa, moribunda, cuyos grandes conceptos en sus orígenes se encuentran hoy absolutamente degradados, ha permitido que Grecia llegue a esta situación insostenible.
Grecia se va a enfrentar, sin ningún género de dudas, a la toma de decisión en cuanto a su permanencia en la unión monetaria e, incluso, en la unión europea, y yo me pregunto cómo es posible que “la gran Europa” haya permitido a este país, origen de nuestra forma de vida, llegar hasta este punto.
Y no sólo por la situación en la que se encuentran los griegos -supuestos compañeros de viaje, supuestos amigos-, sino por la propia supervivencia de esta “merde” llamada Europa. La potencial salida de Grecia del euro supone, ni más ni menos, “abrir el melón” y dejar la puerta abierta a la salida de otros países y, finalmente, el fin de esta Europa, que según pasa el tiempo se vuelve más y más mezquina, más y más perversa.
Los griegos, al igual que el que suscribe, llevan tiempo preguntándose cuáles son las ventajas de pertenecer a Europa.
Yo sólo encuentro un punto a favor: la estabilidad monetaria.
Punto pelota.
Pero esto no es suficiente.
A partir de aquí, todo son inconvenientes.
Tres ejemplos:
1. La centralización del control monetario en manos del banco central europeo -institución tomada por economistas y otros burócratas alemanes- deja desguarnecidas las capacidades individuales de cada país, sin herramientas para combatir males domésticos, mientras que el bce vela por los intereses germánicos. Por poner un ejemplo relevante para los españoles, el banco central español no disponía de la herramienta “incremento del precio del dinero” con el que hace unos años hubiera podido hacer frente a la burbuja inmobiliaria. Esa herramienta ya no es española, es “europea”, y no está a nuestro alcance. Solución habilitada para España: “¡a joderse y a lidiar, tú solito, con las consecuencias!”.
2. Los préstamos a Grecia son de una perversidad infinita: el banco central europeo presta dinero a la banca privada al 1%, y luego ese mismo dinero va a parar al mercado de deuda pública griega para comprar bonos al 30%, para gran negociete y regocijo de ese colectivo de dudoso proceder y oscuros objetivos. ¿Qué sentido tiene esto?
Y pregunto por el sentido positivo, por el “espíritu europeo” de estas acciones, no por el sentido opaco, oscuro y perverso con el que se promocionan estas operaciones.
Y mientras tanto, ¿dónde se esconden los medios de desinformación? Todavía tengo que ver uno sólo de éstos que haya alzado la voz para denunciar semejante despropósito. No hasta que, sorprendentemente, el Sr. Hollande lo hizo.
3. Los medios de desinformación se refieren sistemáticamente al eje franco-alemán  (Merkel-Sarkosy hasta ayer, Merkel-Hollande a futuro) con tanta naturalidad que no se dan cuenta –por increíble que parezca- de que hablar así significa institucionalizar la total pérdida de soberanía que han sufrido todos los países pertenecientes a la unión europea excepto para Alemania y, en menor medida, Francia.
Hoy la mayoría de los países entre los que se encuentra España ya no deciden por sí mismos. Decide Alemania. Entretanto, nuestros patéticos gobernantes, en un arranque de orgullo y soberbia, se esmeran en parecer que las ideas son propias y no teutónicas.
¿Europa capaz?
¿Europa operativa?
¿Europa solidaria?
¿Europa soberana?
¿Europa unida?
¿Europa, espiritualmente grande?
Esta no es la Europa que se diseñó en sus inicios. Aquella Europa la han ido degradando hasta convertirla en la gran chapuza que es hoy, esa Europa inoperante y podrida, insolvente e insolidaria, que apesta.
¡Y este es el bosque!
La total ausencia de esperanza que me transmite la exquisita mediocridad general me provoca el fuerte deseo de que Grecia rechace a Europa y la abandone, y abra el camino para que los demás la sigamos.
Y no es que yo no crea en Europa.
Yo no creo en "esta" Europa, patética y decadente.
¡Qué pena, que oportunidad desperdiciada!

abap

sábado, 5 de mayo de 2012

Antisistema: To be or not to be.


Los movimientos antisistema han sido demonizados desde el principio de los tiempos por el statu quo de turno, y en los tiempos actuales no podía ser de otra manera.
Los medios de desinformación se esfuerzan en explicitar la violencia en las manifestaciones ciudadanas, cuando ésta se produce, y recurrentemente las acompañan de la etiqueta “antisistema”.
¿Es rechazable la violencia en las manifestaciones?
Que cada uno responda a esta pregunta por sí mismo, pero me gustaría apuntar una serie de cuestiones que, en mi opinión, están directamente relacionadas con este tipo de violencia:
·     No existe la más mínima transparencia en las decisiones del gobierno.
·     No hay ningún canal real de comunicación entre los ciudadanos y el sistema.
·     No existe procedimiento alguno, salvo el referéndum que tanto asusta a los gobiernos, para hacer participar al ciudadano en las decisiones del país.
·     Muchos ciudadanos se sienten manipulados y estafados por el sistema.
·     La conducta de los gobernantes es más que reprobable en muchísimas ocasiones: “prometer hasta meter, y una vez metido me olvidé lo prometido” (con perdón); “Ya he llegado; ahora a mantenerme, cueste lo que cueste; me importan muy poco los fondos públicos”; “Ya he llegado; ahora a forrarme; yo y mis amiguetes”, etc., etc.
·     Muchos ciudadanos, teóricos soberanos de los estados, se sienten relegados a un segundo o tercer plano en los criterios de decisión de los gobiernos.
(No voy a mencionar las sospechas fundadas acerca del origen institucional de algunas de las manifestaciones violentas, con el ánimo de desacreditar a los organizadores de las mismas).
¿Qué hacer entonces para que opiniones, en ningún caso minoritarias -o sí- se escuchen?
Por ejemplo:
·     Gobierno, por favor, escúchame, no te olvides de mí.
·     Gobierno, por favor, haz tu gestión transparente.
·     Gobierno, por favor, hazme partícipe de tus decisiones.
·     Gobierno, por favor, comunícate conmigo y explícame qué haces y por qué.
·     Gobierno, por favor…
¿Seguro?
¿Estás seguro de que, con esta actitud “tan cívica”, el ciudadano va a ser tenido en cuenta?
¡Ja!
Ni siquiera las huelgas generales, con cientos de miles de manifestantes, millones acaso, son capaces de cambiar las actitudes de los gobiernos, dando buena muestra de lo poco que les importan los ciudadanos. Aunque esto casi es entendible debido al poco reconocimiento social que ostentan los organizadores, pero la multitud de ciudadanos manifestando su disconformidad está ahí.
¿Cuál es, entonces, la alternativa, oficial y aceptable, para hacerse oír?
¡No la hay!
Por otra parte, no es posible encontrar en la historia ningún ejemplo, ni uno sólo, en el que el poder imperante haya reconocido su incompetencia y/o perversidad y haya dejado el sitio a otros.
Es cierto que en las llamadas “democracias modernas” los gobiernos son elegidos por los ciudadanos.
Sí, es verdad.
Pero es necesario tener en cuenta que toda la maquinaria mercadotécnica del sistema trabaja para que así sea.
En el caso español, la maquinaria trabaja cada cuatro años para legitimar todas las acciones que a continuación se van a acometer. Y durante los siguientes cuatro años se dedica a respaldar, especial y sospechosamente, muchas  de las medidas adoptadas por el gobierno de turno que los ciudadanos rechazarían. (¿Cuáles? Uhmmmmm).
El argumento es ciertamente convincente: “El gobierno ha sido elegido por los ciudadanos”.
Sí, es cierto.
Pero la falta de transparencia de los gobiernos de turno, sumada al poder de la maquinaria de desinformación del sistema, y a la total y absoluta ausencia de canales de participación ciudadana en el devenir de estas “democracias” hacen que se deslegitime este argumento.
Además, por los mismos motivos oficiales, se deberían tener en cuenta las manifestaciones multitudinarias, siempre estériles, en contra de las decisiones de los gobiernos.
Entonces… ¿cómo hacerse oír?
No es posible. No hay nadie al otro lado del teléfono.
¿Se legitima por ello la violencia?
Insisto, que cada uno se responda a esta pregunta.
Pero lo que me parece repugnante es ese rechazo, casi paranoico, a la actitud antisistema.
Pero es comprensible porque si estos movimientos prosperaran… ¡adiós sistema!, y esto no lo van a permitir de ninguna de las maneras.
Obviamente.
¿Qué es ser antisistema?
Ser antisistema no es lo que los medios de desinformación se esmeran en demonizar.
Ser antisistema es discrepar del sistema actual y de las impresentables actitudes de unos supuestos gobernantes democráticos.
Nada más.
Y esto no es, en absoluto, nada reprobable.
¿Acaso el movimiento cristiano no fue antisistema desde sus inicios?
¿Y los ajusticiados comuneros?
¿Y la revolución francesa?
¿Y el movimiento de independencia de los incipientes estados norteamericanos?
¿Y la primavera árabe?
En mi opinión, uno de los más graves errores que ha cometido el movimiento 15-M fue no tener la determinación de declararse antisistema.
Pero es natural. Los medios de comunicación acechaban en la Puerta del Sol madrileña, alcachofa en mano, intentando capturar la afirmación “somos antisistema”, para a continuación correr a las redacciones para proceder a la correspondiente desacreditación del movimiento.
Pero ellos -el movimiento- percibían el riesgo, y los medios se quedaron con la miel en los labios.
El movimiento 15-M evitó declararse antisistema y ese fue, en mi humilde opinión, uno de sus más grandes errores.
A mí no me gusta este sistema.
Nada de nada.
Yo soy antisistema.

abap

viernes, 4 de mayo de 2012

Rescate a la banca privada

El Sr. De Guindos  anunció ayer en Barcelona que el gobierno va a regular próximamente la creación de sociedades para “aislar los activos inmobiliarios problemáticos de la banca”. Y esta fantástica medida dicen que será “una solución rápida y transparente para la banca”.
Según afirma el ministro, estas sociedades no seguirán el modelo “banco malo”.
Bueno, eso dice él. Ya se explicará…
Mientras tanto, el Sr. Botín repite que no es necesaria la creación de este tipo de sociedades para aislar los “activos tóxicos” y afirma que “se está en la buena dirección aunque el mercado no lo haya entendido todavía”.
(Ayyyy, estos mercados…).
Insiste asimismo el Sr. Ministro que al estado no le supondrá desembolso alguno de dinero: "El Gobierno no creará nada, ni un banco bueno, ni un banco malo, y no se destinará ni la más pequeña de las cantidades de dinero público para ello".
Pues ya nos explicará entonces qué es lo que ha pensado hacer, y la cuestión será, aparte del título que le piensa otorgar a esta operación, cómo la articula.
Parece que nuestro muy creativo y experto-en-estas-lides ministro de economía ha recurrido al manual de innovación de su anterior etapa en la célebre institución Lehman Brothers para diseñar una operación que debemos calificar de “mágica”.
Es decir, que la solución para la banca privada pasa por crear sociedades para depositar en ellas los activos inmobiliarios sobrevalorados y… ¡Listo, asunto solucionado!
¡Coño!, ¿cómo no se me habrá ocurrido antes?
Es decir, que si a Navidul se le estropea una partida de… digamos… 200.000 jamones… ¡No hay problema, Navidul!: Creas una sociedad, le traspasas los 200.000 jamones podridos y… ¡asunto solucionado!
(Esto se les debió olvidar enseñármelo en la MBA School).
La creatividad financiera no tiene límites, y esta idea es un insulto a la inteligencia menos dotada.
Salvo que, por supuesto, esto tenga truco.
Pero ¿cómo vamos a pensar eso de un gobierno que actúa de manera sincera y transparente para el bienestar de sus ciudadanos?
¡Por dios, qué disparate!
Y es que esta operación sólo se vuelve coherente para la banca si cumple una condición: que la banca enajene estos activos a su valor contable o cercano a él, aceptando descontar las insuficientes provisiones ya efectuadas.
Pero… ¿quién va a comprar estos activos a un precio superior al mercado?
¡Correcto, acertó! El de siempre, claro, y tras la correspondiente violación institucional (violado = en contra de su voluntad).
Alguien dirá que el valor de esos activos ya se ha descontado en balance.
Es una opinión que, además de ser de difícil probatura, me temo que no es compartida por “los mercados”. Si así fuera, deberán explicar dos cuestiones obvias:
Cuestión 1
Si la banca privada ya hubiera ajustado sus balances al valor real de estos activos inmobiliarios entonces no tiene de qué preocuparse, porque sus actuales balances son magníficos y ellos unos colosos. Y además habría que interpretar que lo que en realidad le ocurre a las agencias de calificación y los mercados es que le tienen manía a la banca española.
Cuestión 2
Si la banca privada ya hubiera ajustado sus balances al valor real de estos activos inmobiliarios entonces ya no habría necesidad de crear estas sociedades malas, porque las cuentas ya estarían saneadas y la vida sería de color rosa.
¿Cuál es el objetivo real de esta operación?
O dicho de otra manera: ¿Qué están tramando?
Esta es una maniobra financiera más que huele mal, muy mal, y de una justificación tan absurda como infantil.
La realidad es que apostaría mucho a que los ciudadanos vamos a financiar a la banca privada una vez más, y me temo que, en contra de lo que dice el Sr. De Guindos, lo haremos de un modo similar al modo “banco malo”, aunque lo disfracemos de otro personaje.
Si siguen el modelo puesto en marcha en Alemania, el estado comprará estas sociedades (a valor contable, restando las provisiones ya realizadas) a cambio de bonos de deuda pública (negociables, por supuesto), y los bancos garantizarán la recuperación del valor de estos activos en el largo plazo.
Tiempo al tiempo.
Por otra parte, la banca privada alemana se ha comprometido a otorgar tanto crédito como ayuda reciben. Hablaremos en su momento del “compromiso español”.
La solución para la banca privada es muy buena (más bien es cojonuda, si se me permite la licencia), y si tienen cualquier otro problemilla no tienen más que decirlo.
Y si esto no es un  rescate, un rescate al sector bancario, que me lo expliquen.
¡Ayudemos a la pobre banca!
A propósito… ¿conocéis el refrán: “No hay buena acción que no merezca su justo castigo”?

abap

sábado, 28 de abril de 2012

Réquiem por España

España está maldita.
Desde los Reyes Católicos, hace 500 años, 5 largos siglos, no hemos tenido ni un solo gobernante mínimamente competente.
Ni uno sólo en 500 años. Se dice pronto.
España está maldita.
Sin embargo algo tenemos que hace que no nos ahoguemos, pero vive dios que ese algo no está en nuestros gobernantes.
Porque aunque parezca incomprensible, no jugamos en tercera categoría regional a pesar de nuestros entrenadores, sino que estábamos en cabeza de la segunda división con opciones de ascender a la primera división.
Pero hemos dicho “estábamos”, en pasado, porque el análisis de la realidad nos dice que ahora estamos descendiendo a los infiernos.
Al anterior gobierno, al que no se me ocurre mejor calificación que la de “naif”, aparte de su flagrante incompetencia, le sucede una pandilla de aficionados igualmente incompetentes que creen en todo menos en ellos mismos. No tienen ni una idea propia. Todas sus ideas son de origen foráneo, germánico por más señas.
Y se comportan como perritos fieles que necesitan una caricia de su amo una vez que han recogido el palito que él les ha lanzado.
Es patético.
Estos chicos, estos gobernantes de hoy, están superando la peor de las previsiones.
Son malos, muy malos, y se van a cargar España, esta España acostumbrada ya a soportar la recurrente incompetencia secular de sus gobernantes.
Y no es que lo diga este humilde observador. Igualmente lo dicen, entre otros, el Sr. Krugman (premio nobel de economía), el Sr. Stiglitz (premio nobel de economía), y el Sr. Hollande, “San Hollande” para los amigos, la única esperanza para esta Europa que se desliza hacia el precipicio, aunque ya vamos acumulando experiencia y nos hemos acostumbrado a no esperar nada de nadie, por muy bonito que lo pinten.
Y es que, para colmo y colofón de la sinrazón, la misma advertencia es repetida por el mayor lacayo del poder, el FMI, ese que suele imponer este tipo de recetas a los llamados “países en vías de desarrollo” para terminar hundiéndolos en el fango.
Hasta el FMI está advirtiendo que este no es el camino.
Vivir para creer.
Si hay algo especial, algo destacable entre todas las carencias de estos señores, es la falta de sentido común, ese sexto sentido que suele advertirte cuando te vas a equivocar.
Estos señores, que son sólo unos pocos, son tozudos, tozudos en su falta de sentido común del que, desgraciadamente, en breve vamos a “disfrutar” 45 millones de sufridores de errores ajenos.
Esta condena de tantos por tan pocos es injusta, y esto no debería ocurrir de ninguna manera.
Pero así será.
Diariamente anuncian lo que llaman medidas, o reformas, que no son más que una triste colección de errores. Siguen sin entender que la causa de nuestra crisis no es un gasto excesivo, sino una disminución dramática de los ingresos del estado. Y todo lo que están haciendo es tomar decisiones que provocarán, sin ningún género de dudas, sucesivas y recurrentes disminuciones de los ingresos.
Y es que aparte de estas medidas destructivas, los llamados recortes, todavía no han enunciado ni una sola medida constructiva, algo que sirva para incrementar los ingresos y, de paso, relanzar el país.
Se conoce que Angela –o Anguela, como dicen ahora los periodistas enterados- todavía no ha escrito el capítulo correspondiente al crecimiento de los países.
Desde otro punto de vista, esta vez desde la óptica de la justicia social, se me hace intragable el aumento de los impuestos directos, esos que se aplican a través del anunciado incremento del IVA para el próximo año, y la subida selectiva de productos de consumo masivo como gasolinas, tabaco, bebidas, etc.
De esta manera, el sustancial incremento del precio de estos productos es exactamente el mismo tanto para los más ricos como para los más pobres.
Con lo sencillo que sería una corrección a las tablas de IRPF garantizando el acceso a los productos básicos a las capas sociales con menos ingresos.
Una única medida, esta corrección del IRPF, una sola vez, en contraste con los diarios anuncios de nuevas medidas restrictivas con las que se nos atraganta el desayuno todos los días desde que estos señores se han sentado en sus sillones de mando y que no hacen más que provocarnos inquietud y diarrea, a partes iguales. No hay país cuya moral no se vea aniquilada con este incesante goteo de putadas con las que nos obsequian prácticamente todos los días.
“Todos los días un plátano, por lo menos”.
Y, por no extendernos en exceso, esta vez no vamos a hablar de los eufémicos impuestos al capital y sus rendimientos.
Y tampoco queremos repetirnos en denunciar que medidas semejantes, mucho más moderadas, fueron condenadas hace escasos meses por los mismos que hoy las están decretando. Las plumas bienintencionadas quieren justificarles diciendo que es comprensible porque no es lo mismo ver los toros desde la oposición que desde Moncloa. Pero esto es mucho peor, porque este argumento no hace más que aumentar mi inquietud y mi preocupación pensando en que, los que ahora ocupan Moncloa, son novatos e inexpertos y que ahora es cuando están aprendiendo. ¡Dios nos coja confesados!
Estos son los gobernantes de turno, los que ahora gobiernan.
Y especulando con las expectativas, todo apunta que a estos incompetentes les sucederán otros de la misma categoría.
España está condenada, y todo apunta a que su ejecución no tardará en llegar. Y que cuando ya no quede más remedio que aceptar la triste realidad, ya será demasiado tarde.
España, qué has hecho para merecer estos gobernantes.
España, qué has hecho para merecer tanta incompetencia durante tanto tiempo.
España, ¡qué pena!


abap


martes, 10 de abril de 2012

Necesitamos líderes

Necesitamos líderes, auténticos líderes.
En la etapa de la transición española saltaron a la escena política personajes de gran nivel. Algunos de ellos ya eran entonces personajes consolidados en el régimen franquista, pero otros parecieron surgir desde la nada: Suárez, Fraga, González, Carrillo, Pujol, Guerra, Durán, Roca, Bandrés, Martín Villa, Tierno, Abril, Fernández Ordoñez, Morodo, Solchaga, etc., etc., etc.
La nómina es demasiado extensa como para relacionarlos a todos ellos.
¿Qué está pasando ahora, dónde están los políticos de nivel?
¿Acaso ya no hay?
Es triste sentirse huérfano y mal dirigido, e inquietante contemplar la mayoritaria mediocridad de los actuales personajes públicos que  dirigen este país.
Y especialmente inquietante la actitud del actual presidente de gobierno, jugando siempre a la defensiva.
Siempre que se manifiesta se limita a repetir un sinfín de justificaciones por las cosas que hace o va a hacer, lo que me hace sentir que realmente me está haciendo algo malo.
Cuando alguien te pide perdón es porque te ha hecho algo malo, y eso es lo que Rajoy me hace sentir. ¿Qué me estará haciendo ahora?
Y me temo que toda la población está temerosa por las hipotéticas maldades que este gobierno está “tramando”, pero que no identificamos con precisión. Es una sensación inconsciente.
Me parece que este país, más que nunca, necesita un líder, un líder de verdad que nos mire a los ojos y nos diga, con precisión y confianza, qué va a hacer y por qué va a hacerlo.
Y que nos diga que si este año no nos vamos de vacaciones a Tailandia, o que si no vamos a poder cambiar de automóvil, no pasa nada, nada de nada, que es intrascendente.
Y, sobre todo, que no pasa nada comparado con lo que realmente nos ocurriría si no salimos de ésta.
Sería más que conveniente que un día el presidente se dirigiera al país, en “prime time”, explicando las actuaciones de su gobierno y solicitando el sacrificio y el respaldo de todos sus conciudadanos.
Y transmitiendo confianza de que vamos a salir adelante.
Confianza…
Y también sería más que conveniente que involucrara a todos los ciudadanos en las decisiones y nos hiciera partícipes del problema y de su solución, y este es un aspecto muy importante. La disposición ciudadana a soportar el sacrificio necesario cambiaría sustancialmente, y sería especialmente cohesionante que todos nos sintiéramos actores de esta película.
Esto es lo que haría un líder, un líder de verdad.
Y ese líder, con la confianza concedida por la ciudadanía, con ese fantástico capital, ha de tener el coraje necesario para enfrentarse a los otros protagonistas de esta película de género dramático, casi “gore”: a los intereses del mundo financiero, tanto interno como externo, a los intereses de las grandes corporaciones, a los burócratas de Bruselas, y a quien sea necesario, con la confianza de tener un país apoyando tus decisiones y motivado para sacarlo adelante.
Necesitamos un líder que tenga plena convicción de lo que está haciendo, y que no se encoja.
Necesitamos un líder que se dirija a sus ciudadanos, que les mira a los ojos y les involucre en las actuaciones.
Necesitamos un líder que vaya a Bruselas a hablar y explicar, y no a escuchar y obedecer.
Necesitamos un líder que, de una vez por todas, se posicione por delante de “los mercados”, y no sistemáticamente detrás de ellos, improvisando.
¿Dónde está ese líder?

abap

domingo, 8 de abril de 2012

¿Europa, qué Europa?


Ya lo decía Anguita hace 20 años, recién finalizada la reunión de Maastricht, donde fundamentalmente se establecieron los objetivos comunes encaminados a alcanzar la unión monetaria. Más o menos Anguita venía a decir que se había hablado de números, ratios y medidas de corte exclusivamente económico para “converger” (hoy esto suena a música celestial) pero… ¿y la población, la cohesión social, el bienestar europeo?
Hoy no puedo más que recordar aquellas palabras que entonces me parecieron acertadas y hoy califico de premonitorias.
¿Qué Europa es ésta? ¿De qué Europa estamos hablando?
Una Europa a medio cocer. Descohesionada e insolidaria, desigual, inoperativa, con unos procedimientos inconclusos que ahora descubrimos que no solamente están sin rematar sino que juegan en contra.
El euro, que nos ha proporcionado una estabilidad monetaria desconocida hasta entonces para los países periféricos, nos ata a la vez de pies y manos para adoptar medidas individuales que nos preserven y protejan de crisis como la actual.
Se centralizan a nivel europeo funciones que en el pasado desarrollaban los bancos centrales de cada país, y establece medidas “para Europa”.
Es decir, establece políticas económicas para Alemania y para Francia, a la vez que para Grecia, Portugal, España…
Absurdo.
Esto no funciona.
Así lo tenemos muy difícil.
Hace unos pocos años podríamos haber “enfriado” nuestra economía si dispusiéramos de las herramientas adecuadas -véase el control del precio del dinero- y quizás hubiéramos podido bloquear la desdichada burbuja inmobiliaria que cegó nuestros ojos con destellos áureos.
Pero esa política económica no coincidía con la de otros países “más importantes”…
Desde que en 2005 la población europea rechazó la fallida constitución europea, los supuestos líderes europeos se han petrificado, y eso es impresentable.
Y recuerdo a Anguita cuando España menciona el caso griego para negarlo en nuestro país, o cuando ahora lo menciona Sarkozy en referencia a España para disgusto de algunos.
Acaso mañana Alemania mencione el caso francés…
¿Dónde está la solidaridad entre europeos?
Europa insolidaria.
Un banco central europeo que establece la “ayuda” a sus compañeros de viaje en base a prestar a la banca privada al 1% para que ésta, a su vez, la preste al 30%, como es el caso de Grecia.
Una Europa que exige políticas económicas suicidas a los moribundos.
Una Europa que utiliza el mal de sus compañeros para justificar sus exigencias perversas en aras de un rigor que, efectivamente, ha sido omitido por políticos inconscientes y poco preparados.
Todo esto provoca que, a modo de ejercicio mental inconsciente, barajemos la posibilidad de declarar la unión europea como intento fallido y difunto que quizás haya que abandonar cuanto antes por pura supervivencia.
De esta manera volveríamos a tener un mayor control de nuestras economías y de nuestro destino, y volveríamos a disponer de las herramientas del pasado que ahora se echan de menos: control del precio del dinero, del cambio de nuestras monedas, etc.
En este proceso perderíamos cosas, sin duda, pero estamos obligados a sopesar su trascendencia.
Lo más importante, que no es poco, es que perderíamos la solidez monetaria que ahora disfrutamos con la fortaleza de la unión, preservando nuestra moneda, el euro, de ataques financieros perpetrados por gente malvada que se enriquece, sin ética ni piedad, a costa del mal de la población de países enteros, siendo a la vez admirados por el mundo, como es el caso de Soros y otra gente de mala baba.
La cuestión es si esta fortaleza es motivo suficiente, desde el punto de vista puramente económico -como fue el talante de la reunión de Maastricht-, para mantenernos en la unión, habida cuenta de nuestra situación y de nuestro escaso poder de reacción.
Otra cosa son los motivos más allá de la economía, más elevados, pero que hoy por hoy son pura filfa en esta Europa dormida e inconsciente.
Europa, líderes europeos: o hacia delante o hacia atrás.
Hay que tomar decisiones, para avanzar de una vez por todas o para dinamitar este intento de unión europea.
Pero no podemos seguir así, no podemos seguir indefinidamente en tierra de nadie, al albur de los vientos.
abap

martes, 20 de marzo de 2012

Pago deuda AA.PP.: Imprescindible, impresentable, y sin rematar.


La decisión por parte del gobierno de constituir un crédito sindicado de 35.000 millones de euros para facilitar el pago de las enormes deudas a proveedores por parte de los ayuntamientos y las comunidades autónomas es una medida poliédrica con múltiples aristas. La arista positiva es que es una medida imprescindible que ya iba siendo hora de ser abordada. La demora en el pago por parte de las  AA.PP., sumada a la escasez de financiación para pymes, es un cóctel letal que se ha convertido en una de las principales causas de destrucción de empleo de este país.
Sin embargo se tenía que haber llegado más lejos, y esta es la arista “sin rematar”.
Siguiendo la estela del establecimiento del límite constitucional para el déficit público, hubiera sido un magnífico momento para haber limitado, de verdad, el plazo de pago a proveedores. Y no sólo para las administraciones públicas, sino para todo tipo de transacciones comerciales efectuadas en el estado español.
Los abusos en el pago a proveedores no es monopolio del estado. Las grandes empresas españolas establecen unos períodos de pago a proveedores que, en algunos casos, pueden calificarse de abusivos. Así, los pequeños proveedores se ven obligados a soportar este estigma del comercio español si quieren mantener sus clientes importantes (o lo tomas o lo dejas), y esto se traduce en una necesidad de financiación extraordinaria que grava de manera notable los beneficios y la supervivencia de las pymes.
La ley de morosidad que en España entró en vigor en Julio de 2010 es demasiado laxa para ser efectiva. La ausencia de sanciones administrativas para las compañías que incumplan los plazos legales para efectuar el pago de las facturas mantiene a las pequeñas empresas en manos de las grandes corporaciones. A pesar de que la ley permite la exigencia de intereses de demora, esta no es la cuestión importante sino la puntualidad en el pago.
La consecuencia es que un pequeño proveedor de una gran empresa deberá aceptar sin rechistar los plazos de pago que ésta le impone si no quiere ver peligrar su relación comercial con un cliente estratégico.
En la mayoría de los países desarrollados, el pago de las facturas es mucho más ágil. Más concretamente, la UE aprobó una directiva para limitar a 30 días el plazo para el pago de facturas tanto en el ámbito público como privado (aunque con amplias excepciones), mientras que la ley española establece, a partir del 1 de enero de 2013, fecha en que termina el período transitorio, un plazo de 60 días en las transacciones privadas y 30 días para las transacciones con las AA.PP.
En un momento de sequía financiera como el que estamos sufriendo, el estricto cumplimiento del plazo de pago limitaría sustancialmente las necesidades de financiación de todas las empresas españolas. La consecuencia, extraordinariamente beneficiosa, no sólo se traduciría en una deseable dinamización del comercio de este país, sino que permitiría a muchas empresas salvarse del cierre por motivos exclusivamente financieros.
La otra cara de la moneda se centra en el único sector beneficiado de nuestras malas prácticas: la banca privada. Debido a esta lacra del comercio español, a esta endémica e inexplicable dilatación de los pagos en España, la banca privada obtiene grandes beneficios a través de la financiación de los derechos de cobro de las empresas. Y no sólo esto sino que, debido a su gestión del riesgo, se convierte en árbitro de las posibilidades de supervivencia de muchas pequeñas empresas al decidir, según sus legítimos criterios, la concesión o denegación de la necesaria liquidez a los sufridos proveedores.
Pero el aspecto “impresentable” de esta medida es la increíble bicoca que se le ofrece sin justificación aparente a la banca privada, que con una mano toma dinero prestado del banco central europeo -nuestro dinero- a un tipo de interés del 1% para a continuación, sin más esfuerzo que tomar ese dinero con la otra mano, prestarlo al estado -es decir, nos lo presta de nuevo y a su vez a nosotros- a un tipo de interés que supera el 6%.
Un negocio financiado que reporta a la banca privada un beneficio neto de un 5% por no hacer nada de nada, absolutamente nada.
Un negocio que nosotros le proporcionamos y que, sin valor añadido alguno, nos cuesta un 6%.
Juro que en mi próxima vida seré banquero.


abap
 

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