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martes, 27 de noviembre de 2012

La lucha de clases sigue viva y no tiene ideología


El concepto “lucha de clases” se mantuvo vivo hasta la caída del bloque soviético, y fue a partir de ese momento cuando el mensaje oficial transformó esta idea en un concepto anticuado, “trasnochado”.
Desde entonces prácticamente no ha vuelto a utilizarse porque los defensores de estas tesis se sintieron perdedores. Ellos solitos. Bueno, no exactamente; contaron con la ayuda de los medios de desinformación, que transmitieron la idea de que el marxismo no funcionaba, como había quedado patente con la caída del bloque comunista.
Nunca entendí aquella rendición. Efectivamente, el bloque soviético había caído y dejado al descubierto infinidad de deficiencias en su sistema estructural.
Pero… ¿y el bloque capitalista? ¿Es que acaso no podemos contar por decenas, por centenares, ejemplos de países regidos por un sistema capitalista que son y han sido incapaces de sacar a sus ciudadanos de la explotación y la pobreza mientras sus dirigentes amasan una inmensa fortuna?
En Asia, África y América perderíamos la cuenta de los países que, al igual que el bloque soviético, han fracasado, pero con mucho mayor estrépito, con sus correspondientes sistemas capitalistas.
Pero los medios de desinformación actuaron con eficacia y contundencia, y vencieron a “la resistencia”.
De la misma manera, mientras el bloque soviético se mantuvo vivo, había que entregar un extra al trabajador occidental, a modo de antídoto, para que no coqueteara con ideas comunistoides.
Por entonces era célebre la idea de que la religión era “el opio del pueblo”. Desde entonces, a la religión se le ha añadido el fútbol, los programas del corazón, gran hermano, operación triunfo, etc., etc., y el idiotizante mensaje oficial de los medios de desinformación que se encargan de interpretar los hechos de manera que el ciudadano ya no necesite pensar por sí mismo; lo único que tiene que hacer es trabajar y, al llegar a casa, pincharse la televisión en vena hasta el día siguiente.
Del resto ya se encargan ellos.
¿Cuál es el resultado?
Desde hace unos años los ciudadanos nos hemos vuelto tan estúpidos como se había programado y no olemos el queso aunque se trate de un cabrales curado en cueva asturiana.
Y, por cierto, esto no es monopolio español, sino que es una pandemia mundial, globalizada.
Así, el poder ha sido capaz de camuflarse y convertirse en un ser anónimo, opaco e inexistente, que ha reclutado una caterva de capataces que obedecen ciegamente sus consignas sin hacerse preguntas mientras llenan sus bolsillos con lo que para sus jefes son migajas, y para los ciudadanos son auténticas fortunas.
Ese poder transnacional, en una campaña mundial - “la globalización”-, ha puesto en marcha mecanismos dogmáticos (el librecambio, la libre e instantánea circulación de capitales especuladores por las redes digitales, por ejemplo) a los cuales nadie puede oponerse so pena de ser tachado de ignorante y –de nuevo- anticuado, y se ha hecho con las riendas del planeta.
Es ese poder egoísta, insensible y sicópata, capaz de contemplar impávido – si no provocar-  ese cóctel de miseria y muerte por hambre en el tercer mundo sin tender una mano, y que ahora ha apuntado sus armas al primer mundo, sembrando de dramatismo y destrucción el adormilado y estúpido mundo de los ciudadanos que habíamos soñado con “el bienestar”, para nosotros y nuestras familias, y que ahora asistimos sorprendidos e incrédulos a nuestro propio drama. Pero ahora ya no tenemos necesidad de encender la caja tonta para recibir imágenes, reales pero lejanas, de las penurias del mundo pobre. Ya las tenemos delante, en directo, al alcance de la mano, en nuestro propio mundo y afectando a nuestro entorno más cercano.
Y no deja de maravillar lo bien que “el-poder-real” ha tejido su red así como la precisión y eficacia de sus instrumentos, financieros y mediáticos, verdaderas armas de destrucción masiva.
La verdad es que es para felicitarles…, si no fuera por la enorme perversidad y egoísmo de sus acciones y sus dramáticas consecuencias.
¿Y los capataces?
También llamados “clase política”, asimismo -y al igual que sus amos- sicópatas insensibles, que venden su dignidad al albur de justificaciones con tintes de interés nacional, y a quien no les tiembla la mano para favorecer a sus amos a costa de infligir el sufrimiento que sea necesario a los ciudadanos, supuesto estamento soberano de una supuesta democracia -merced a la peor de las propagandas-, tan emputecida que algunos ya la confunden con una tiranía perfectamente camuflada, la neo-tiranía con adornos de democracia.
Son una nueva “clase”, paniaguada y rentista a costa de los ciudadanos, con una habilidad especial para engañar vilmente a quienes sufragan su traición.
Se atribuyen prebendas escandalosas, favorecen a sus amos, putean a los ciudadanos.
Y no se les cae la cara de vergüenza.
No es necesario que tengan conocimiento alguno, ni siquiera un curriculum vitae mínimo; a cualquier universitario recién licenciado, becario en prácticas de cualquier multinacional, se le exige mejor currículo que al mismísimo presidente del gobierno. Lo único que se le exige a este último es obediencia ciega a “los mercados”; es decir, a los amos. Y para eso no es necesario tener estudios ni -para nada- criterio propio.
No tienen ni iniciativa, ni ideas propias, ni un mínimo conocimiento de algo tan básico para un buen gobierno como es una base de cultura económica.
¡Claro!
Es que si entendieran, aunque sólo fuera un poquito, podrían negarse a obedecer.
Por eso es imprescindible que la clase política sea –prácticamente- analfabeta en materia de gobierno y carente del menor criterio.
Por eso, las últimas generaciones de gobernantes, en todos los países de este planeta, son mediocres. Absoluta y totalmente mediocres.
Y el que extrañamente tiene un mínimo de conocimiento y criterio, no quiere saber, mientras se llena el bolsillo de manera ilícita e indigna con la aprobación de sus amos y la ignorancia de sus gobernados.
Así, obedecen a sus amos sin rechistar, sin importarles ni un pimiento las consecuencias que sus acciones ejercerán sobre los ciudadanos.
Son insensibles, paniaguados, una nueva clase de “castrati” que ponen su fino canto en escena interpretando la partitura que sus amos han escrito, en una representación perfecta que, desgraciadamente, los ciudadanos, en nuestra estupidez, aplaudimos y apoyamos en un absurdo ejercicio de supuesta democracia.
 Son los que, de manera indecente, solicitan su voto cada cuatro años con promesas que, una vez en el poder, son perfectamente ignoradas.
¡Y aun así se sienten respaldados por las urnas!
Y no se les cae la cara de vergüenza.
Hoy la lucha de clases es más real que nunca, aunque en realidad nunca dejó de tener razón de ser, aunque así nos lo hayan intentado introducir en nuestras neuronas.
La lucha de clases no tiene las connotaciones ideológicas, recurrentemente marxistas, que pretenden otorgarle. La lucha de clases es algo intrínseco en la naturaleza del ser humano cuando es injusta y abusivamente oprimido por un poder  abusivo. Es una característica diferenciadora y patrimonial del ser humano, independientemente de la ideología que profese. Sigue siendo, simplemente, la lucha del débil contra el abuso del fuerte, como ha sido desde que el mundo es mundo.
Pero ahora ya no es el obrero frente al patrono.
Ahora es el ciudadano, en la sempiterna y total indefensión, el que debe luchar para salvaguardar su entorno más básico contra el atraco impune que perpetran los amos del mundo, los llamados “mercados”, que no son sino ese gran capital  transnacional, tan especulativo como improductivo, egoísta y sicópata.
Y con la connivencia y colaboración de la indigna y traidora clase política que no nos merecemos.
O sí…
Porque cuando la clase política lanza sus cantos de sirena cada cuatro años, los ciudadanos, en nuestra infinita estupidez, los reelegimos una vez más, en un pueril, absurdo e irracional ejercicio de masoquismo.
Para que el show continúe…
Realmente, debemos reconocerlo:
Tenemos lo que nos merecemos.

abap

sábado, 18 de febrero de 2012

El des-Gobierno



Acabamos de contemplar la victoria electoral de un partido político a las elecciones generales del estado español.
Esta vez le ha tocado el turno al pepé.

No importa quién gana, la verdad es que a los ciudadanos nos da (para ser más precisos, “nos debería dar”) exactamente igual. Lo que realmente importa es lo que ocurre a continuación, cuando puestos de responsabilidad son ocupados por personajes ligados al partido ganador.

Veamos: En primer lugar se divide el estado en áreas de gestión (presidencia, vicepresidencias, ministerios, secretarías de estado, direcciones generales, etc.) y, a continuación, se procede a asignar políticos del partido ganador a ocupar estos puestos.

Y aquí es donde comienzan nuestras desgracias y calamidades seculares.

La razón es el total desconocimiento y la incompetencia, en entornos de gestión, de una profesión denominada “Político”, sin otro “expertise” demostrado más allá de la habilidad -que realmente hay que concederles- para situarse (mediante codazos, relaciones, aciertos en las lealtades, etc. y suerte, mucha suerte) en la primera línea de los partidos.


Y es que, con el “espléndido bagaje” que lleva un político a su espalda, se le asigna la dirección, sin la menor competencia o experiencia en la mayoría de los casos, de asuntos tan importantes para el estado como la presidencia del gobierno, la vicepresidencia, la enseñanza, la sanidad, la defensa, etc., etc., etc.



Es decir: Al responsable de campaña le asignamos un ministerio; al portavoz parlamentario otro ministerio; al que ha dilapidado los fondos de una comunidad autónoma, otro ministerio; etc., etc.

Sí, ya sabemos que los partidos tienen “catedráticos” en sus filas, y también sabemos que en los partidos políticos hay “especialistas” en las diferentes materias a debatir, supuestamente, en el congreso.
Pero estos personajes son, a lo sumo, teóricos o analistas que, en general, nunca han ejercido dirección alguna.

Estos personajes nunca han trabajado como nosotros, los gentiles, de 8h a 20h durante años y años, aprendiendo el oficio y avanzando paso a paso hasta alcanzar, tras arduos esfuerzos, la excelencia en la profesión y, algunos elegidos, la dirección de las empresas.

Y hay que recordar que estos genios, en pura teoría, van a dirigir el destino de los ciudadanos del país y de sus empresas. Es decir, sus decisiones van a afectar, “en pura teoría” (vuelvo a repetir), a organizaciones de la talla de Telefónica, Repsol, Endesa, Inditex, Santander, BBVA, etc., etc., así como al resto de las empresas –grandes, medianas y pequeñas- de este país.

Dicho de otra manera: "Políticos" como Mariano, Soraya, Cospedal, Guindos, Montoro, Bañez, Soria, Mato, y el resto de la panda, van a ser “los jefes” de Botín, Alierta, Sanchez Galán, Ortega, Entrecanales, Rato, Aldecoa, Fainé, Roig, etc.

¿Les van a poner las pilas?  ¿Os imagináis?


Una cosa es teorizar o analizar -sobre el papel, o en el estéril congreso de los diputados-, y otra muy distinta “Dirigir” (con mayúscula) filarmónicas.

Es como si a un prestigioso e ilustrado crítico taurino le ponemos delante del toro: Cornada segura.

Y eso es lo que le ocurre, de manera sistemática, a esta “piel de toro”.
Todo son cornadas.

¿Qué otra cosa podemos esperar?
País…


abap



martes, 14 de febrero de 2012

¿Somos poco productivos?

Eso dicen ellos.
Cada vez que se reúne la patronal con los sindicatos aparece la recurrente cuestión: Somos poco productivos.

Pero no, no es que los sindicatos se lo achaquen a la patronal, no; es la patronal la que se lo achaca a los sindicatos.
Curioso…

El objetivo de la patronal es claro: si trabajan más por lo mismo, la productividad aumentará.
¡Claro!
Como dice mi amigo Jesús: "...Y si mi abuela tuviera dos ruedas, sería una bicicleta".

Y mientras tanto los sindicatos, esos sindicatos subvencionados que dicen que representan a los trabajadores: calladitos, casi avergonzados...



Y yo me digo: En esto de nuestra baja productividad… ¿no tendrán más responsabilidad los patronos que los trabajadores?

Si se trata de cargar mercancía de un almacén, seguro que los alemanes (por ejemplo) son más eficientes con esos almacenes inteligentes y robotizados, y los trabajadores españoles, a golpe de ojos, memoria y bíceps, no pueden competir con esos robots alemanes.

Y si se trata de hacer una zanja, seguro que los pobres españolitos, insultados, tildados de vagos, con sus picos y sus palas, no podrán competir con los finlandeses (otro ejemplo), esos “supermanes” que disponen de maquinas excavadoras para hacer la misma zanja.

Pero no, resulta que la responsabilidad es de los trabajadores.
¡Qué país éste!

Dicen que somos unos vagos.
Y cada vez que paso por esos inacabables olivares andaluces, con millones y millones de olivos a cosechar, o cuando veo las terrazas en alturas inverosímiles en Gomera para cultivar un puñado de vides, me atrevo a pensar que, ni mucho menos, somos unos vagos.
Y maldigo a los que osan insinuar tal cosa.

Sin embargo, las causas reales ya las conocemos desde hace siglos, pero somos olvidadizos. En El Cantar del Mío Cid, en relación a Rodrigo Díaz de Vivar:
“Que buen siervo, si tuviera buen señor”.


abap


¿Reforma laboral?


Juan Rosell, presidente de la CEOE.
Los empresarios están encantados con la reforma laboral. Se les nota en la cara.

Finalmente, la indemnización, en uno de los supuestos (simplemente por poner un caso), será de 33 días por año trabajado.

Y yo me pregunto: ¿Y por qué 33 días y no 20? ¿Ó 35?
¿O ningún día?

El problema de estos chicos es que, como todos, no centran el tiro.

¿Son realmente 33 días su mejor idea, su mejor razonamiento?
Por supuesto, lo han meditado profundamente, ¿no?

¿O es, simplemente, lo más que se han atrevido a plantear?
Esta es su reforma “agresiva”.
Es decir, de ahí no bajarán, ¿no?

Quiero motivos, necesito razones que justifiquen esos 33 días.
¿Por qué 33 días por año trabajado?

¡Ay, ingenuo de mí!, pensar que hay razones, reflexiones, razonamientos, finalidades…

No han hablado de la propia naturaleza de la indemnización, ni de la cobertura social de los desempleados, ni del estado del bienestar…
Simplemente, han bajado a 33 días.

Eso sí, nuestros colegas europeos –y los mercados- van a alucinar con nosotros.

¡Con dos cojones!


abap


¿Quiénes somos, qué hacemos?





Político español trabajando

En 1978 se aprueba la nueva constitución española.

34 años más tarde, parece haber consenso en que:

- La administración pública es pesada, ineficiente y excesiva. En ocasiones, algunas responsabilidades públicas están replicadas en las administraciones estatal, autonómica, y municipal; es decir, se encuentra triplicada.

- No quedan claras las funciones del Senado y parece un órgano prescindible, además de caro de mantener y perfecto para la praxis del clientelismo, hoy de unos, mañana de los otros.

- Las diputaciones provinciales carecen de sentido con la nueva organización territorial establecida en la constitución.

- Hay demasiados ayuntamientos y, como consecuencia, hay municipios con una dimensión que no justifica la existencia de una administración propia y su coste es demasiado elevado para ser costeado por sus escasos ciudadanos. Hay que fusionar ayuntamientos.

- Todas las administraciones presentan un nivel de “clientelismo” excesivo, demasiados “cargos de confianza” sin responsabilidades definidas.

- El estatuto del empleado público (los funcionarios, para entendernos) es un antídoto para la productividad y la eficiencia de la administración.

- De las 17 comunidades autónomas, sólo 4 no disponen de TV autonómica propia, y varias de ellas disponen de más de un canal de emisión; y aparte de su dudoso carácter público, todos son deficitarios, muy deficitarios.

- La eficiencia de la investigación pública en España, con un presupuesto nada desdeñable, es cuestionado sistemáticamente, y sus resultados parecen más que dudosos.

- etc., etc., etc.


¡¡¡33 años más tarde!!!


¿Podría alguien aventurarse en predecir CUÁNDO se habrán resuelto estos “problemillas”?

¿Realmente pensamos, creamos, resolvemos,…?
¿Hacemos algo?

¿HACEN ALGO?

¿Por qué les votamos?
¿Qué extraña locura nos lleva a entregarles nuestro voto?


abap


Tomadlo todo





No me ha quedado más remedio que aceptarlo: Estamos en crisis.
Pero me ha costado.
He tenido que ver los millones de parados y los miles de pymes difuntas para, finalmente, aceptar que estamos en crisis.

Pero… ¡qué crisis más curiosa!
Me recuerda a las modernas guerras selectivas de los yankees. Y es que esta crisis es también selectiva, no afecta a todos: Sólo afecta a los currantes y a las pequeñas empresas.

Por el contrario, vosotras, queridas empresas IBEX35, parecéis inoculadas, seguís batiendo –milagrosamente, trimestre a trimestre- records de beneficio.

Por favor, seguid anunciando vuestros suculentos beneficios a bombo y platillo; de verdad, no nos importa; nos encanta observar, desde la cola del paro, cómo ganáis tantísimo dinero, cómo os estáis forrando.



Las empresas IBEX35 no tenéis que vender vuestros activos para sobrevivir en tiempos de crisis.
¡No, por favor! 
Tomad nuestro dinero, ese dinero que tanto nos cuesta adquirir en “los mercados”, y sanead vuestros negocietes tras haber metido la pata hasta las gónadas.
Vosotros no vendáis vuestro patrimonio, no sea que vuestros balances se vean afectados y vuestros beneficios mermados.
Ya los malvendemos nosotros.

No, no paguéis lo que os habéis buscado con vuestra nefasta gestión de vuestros negocios, ya lo pagamos nosotros.

Vosotros que ya os quedasteis con los monopolios y otras empresas que nos pertenecían a todos los españoles (Telefónica de España, Campsa, Tabacalera, Endesa, Argentaria, Enagas, Ence, Gesa, Acesa, Red Eléctrica, Aldeasa, etc., etc., etc.), seguid, por favor, y rematad la faena con lo poco que habéis dejado.
Continuad con lo que queda de todo aquella actividad -todavía pública- que huela a dinero. Y tomad, asimismo, los exiguos fondos que ya nos quedan para que podáis “sanear” los negocietes recién robados (perdón, "privatizados").

Quedaos con las Cajas de Ahorro -públicas ellas- que habéis hundido, y no os preocupéis que ya nos quitaréis los fondos que necesitéis para reflotarlas.
Quedaos con los servicios públicos que vais a privatizar para mejorar aun más vuestras cuentas de resultados y vuestro total control del cotarro.
Y quedaos también con los derechos que los currantes hemos conseguido acumular al cabo de tantos años.

Por favor, tomadlo todo, no os limitéis.
No esperéis más, ya estamos suficientemente acobardados.
Pero hacedlo rápido, así nos dolerá menos.
No queremos que os enfadéis y todo se vuelva peor de cómo lo estáis dejando.

Y sabed, finalmente, que ya no vamos a utilizar cinturón: Así todo será más rápido y sencillo.


abap


Son muy malos


Hace unos días oía comentar: ¿Has visto la “pedazo de” Biblioteca que nos ha construido nuestro alcalde?
“¿Qué nuestro alcalde nos ha construido qué…?”, pensaba yo.
Vaya, siempre pensé que los fondos para construir obras públicas los aportaban los ciudadanos, pero parece que, en el municipio donde respiro, los fondos los aporta el alcalde de su propio bolsillo.
¡Viva mi alcalde!


Este edificio es... ¡una biblioteca!

En España se hacen construcciones públicas, con nuestro dinero, con una funcionalidad ignorada en demasiadas ocasiones en aras de la grandiosidad megalómana y publicitaria de la obra, sin mostrar el más mínimo respeto por el origen de los fondos; es decir: los ciudadanos.

Y es que nuestro dinero es “muy barato”, es muy fácil de obtener: Si hace falta dinero, se suben los impuestos. Y si hace falta más, se suben más.

Pero…
En este momento, entre otras muchas desgracias que estamos soportando, hay una crisis de consumo (y, por consiguiente, de producción; y, por consiguiente, de beneficios empresariales; y, por consiguiente, hay paro; y, por consiguiente…).
¿Y cómo vamos a consumir? Después de pagar los impuestos, la hipoteca, los recibos, el colegio, la comida,… ya no nos queda nada para consumir más allá de lo imprescindible.

Estos señores –estoy siendo muy generoso por tildarles de señores- carecen de vergüenza, de sentido de la responsabilidad y de sentido común-, y han conseguido, después de tres décadas de despilfarro, endeudar a los municipios (es decir, a los ciudadanos, a todos nosotros) a unos niveles muy preocupantes, y dejar vacíos los bolsillos de sus “representados” (sí, sí, sus representados, por increíble que parezca).

Nos está bien empleado, por insistir en elegir a estos tuercebotas.

Pero… ¿Qué podríamos esperar? ¿Qué es un político? ¿Un premio nobel?

Por favor, repetid conmigo: “Mea culpa”.


abap


La mala cabeza nacional

   

Obras megalómanas cuya funcionalidad no parece ser el principal objetivo de su construcción, y cuyo coste no parece haberle importado a nadie: Aeropuertos por doquier, obras arquitectónicas de última generación, puentes inverosímiles, palacios de congresos a todo trapo, exposiciones universales estériles, tranvías urbanos deficitarios, puertos deportivos, actuaciones urbanísticas dudosas, bibliotecas que harían palidecer a la de Alejandría, casas "de cultura" colosales, auditorios que podrían acoger a la Filarmónica de Berlín, etc., etc.
¡¡¡Millones y millones y más millones de euros!!!
(Nuestros ex-euros…)

¡Esto es jauja!

Ciudad de la Cultura (vaya tela...)
Santiago de Compostela


Este país ha perdido el norte. De tanto repetir que somos la octava “potencia” planetaria, hemos llegado a creérnoslo.

Políticos... ¿Adónde nos habéis llevado?

Atención, pregunta tonta: En política… ¿Hay responsabilidades penales?
Aaaaaahhh, ya.
Vale, vale.
(Me lo imaginaba).

Pero..., por otra parte..., ¿de qué nos extrañamos?
Como todos sabemos, los políticos no se caracterizan
ni por sus conocimientos, ni por su rigor, ni por su prudencia en la gestión de nuestro dinero, ni por su respeto a los ciudadanos (nosotros), ni por su preparación profesional, ni por sus cualidades de gestión, ni por su brillante historial, ni por su…, ni por su…, ni por su…, etc., etc., etc.

Pero coño, ¿Por qué les votamos?

Ya lo sabéis, ¿verdad?, ya sabéis lo que voy a decir ahora.
Por favor, permitidme que lo repita una vez más, pero esta vez me gustaría que lo repitiéramos todos a coro:
Te-ne-mos lo que nos me-re-ce-mos.
(Si queréis, le ponemos música).

¿Y ahora qué?
Pues nada, ahora toca “plan de ajuste”.
¿Ajuste de qué?
Ajuste de la mala cabeza nacional.


abap

(Atención, una adivinanza: ¿Quién se ha llevado la pasta?)




lunes, 6 de febrero de 2012

¿Innovación? No se enteran



Asisto, con mi sorpresa e incomprensión habituales, cómo los estamentos “oficiales” (gobierno, patronal, sindicatos) de este país nuestro, España, se reúnen y deciden –mejor dicho, “intentan”- hacer de España un país innovador.

Y claro, como no es suficiente con decidirlo, y después de gastar una o dos neuronas, llegan a la conclusión de que lo van a conseguir a través de… ¡La formación!
¡Bien!
Digo… ¡Mal!

Muy mal. Estos chicos no se enteran de nada.



Por su parte, el Ministerio de Ciencia e Innovación (bonito nombre…) lo intenta a su vez financiando proyectos de I+D+i. El problema es que para financiar proyectos innovadores, tendrás que llevar antes la innovación a las empresas, ¿no te parece?
 
No lo van a conseguir nunca, así es imposible.
Esa estrategia sólo les va a llevar –nos va a llevar- al fracaso.

Pero no sólo no se enteran ellos; la inmensa mayoría de las empresas españolas están de acuerdo en que “eso de la innovación está mu güeno”, y ahora, de repente, todos quieren ser innovadores.
Y entonces, se gastan una pasta en… ¡Formación! (otra vez, pufff).
Y... ¡hala, todo el mundo a innovar!

Y teniendo en cuenta que una gran parte del costo de esa formación está subvencionada (es decir, la pagamos nosotros, los pringaos, para que –supuestamente- se beneficien las empresas), pues como que me pongo de mala hostia.

Y como además soy amante de las cosas bien hechas, pues me pongo de más mala hostia al ver cómo estos incompetentes nos llevan una vez más, con ese empeño secular del que hacen gala, al fracaso y a la frustración nacional.

Y esto no es invención mía, lo he visto con mis propios ojos en prácticamente todas las empresas que he tenido que visitar por motivos profesionales. Y no hablo de “Pepito Pérez y Hnos.”, no. Hablo de empresas “de postín”, de esas que son bandera de la industria nacional (IBEX35 y afines).
Muchas de ellas apuestan por "Políticas del terror", en las que ningún sufrido y estresado empleado puede asegurar que al día siguiente va a seguir en su puesto de trabajo.
Apuesto lo que queráis a que no lo van a conseguir.

Y no lo van a conseguir porque sus directivos, esos que lucen "Graduated in USA" y flamantes MBA, no huelen el queso.
“Lo que natura no da, Salamanca no presta”.
Y esto me lleva a una pregunta que desde hace muchos años llevo haciéndome de manera recurrente: ¿Cuáles son los criterios –los fucking criterios- para elegir a los altos directivos de las empresas?
Hasta el momento, y después de muchos años intentando descifrar este enigma, he llegado a las siguientes –y tristes- conclusiones:

1. Se elige a los altos directivos por confianza, pero en ningún caso por competencia.

2. Un directivo con criterio propio es molesto e ineficiente, rompe la cadena de mando: Las órdenes que vienen desde lo más alto se interrumpen y eso no se acepta, por más absurdas, torpes e inoportunas que sean las instrucciones.

3. Se eligen por criterios un tanto sicodélicos: “se relaciona bien”, “tiene buena imagen”, etc. Curioso que a un Director de Producción se le contrate porque es simpático y no por ser el que más tornillos saca de la fábrica…

En resumen: Incompetencia general.

Alguien podrá decir que es fácil decir que algo está mal sin proponer, a continuación, la solución.
Bien, tiene razón, pero es que todavía no pierdo la esperanza de hacerme rico enseñando a estos incompetentes como llegar a la innovación, jejeje.


abap


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